LA RADIO COMO SISTEMA DE COMPARTIR PASIONES

LOS 39 SONIDOS es un programa de radio que se escapa a las funciones tópicas de un espacio musical al uso. La idea es la de compartir sensaciones sónicas a través de un pequeño/gran club de apasionados por melodías creativas.
Combinando canciones del pasado con composiciones del presente, recuperando discos mágicos añejos y mezclando esos sonidos con algunos discos que surgen de ahora mismo y que nos dan a entender la necesitad de vibrar tanto con lo de antes como con lo que nos rodea, huyendo de las vulgares interpretaciones de las multinacionales, que corroen la creatividad.
Este es un programa de canciones, de buenas canciones, nuestras mejores amigas; pero también es un programa de gente que crea arte sónico, que hace discos eternos o, por lo menos, que son eternos durante un periodo que nos hace las cosas más dulces.
En fin, hablamos sobre sentimientos que provocan los decibelios, discos,canciones, discos y canciones.
LOS 39 SONIDOS se emiten cada lunes en directo, desde las 9 hasta las 12 de la noche y es grabado instantáneamente para ser colgado al día siguiente.
Pero, para degustar el programa en cualquier momento y desde cualquier lugar, lo mejor es ir a: http:los39sonidos.podomatic.com
Buen provecho!

lunes, 10 de febrero de 2014

20 discos excepcionales para dejarse llevar por las buenas vibraciones

20 discos más para emocionarse:

The Happenings - Psycle (B.T. Puppy Records 1966)
Uno de los grupos vocales que peor suerte tuvieron. La culpa fue de su ímpetu por mezclar senderos un poco antagónicos, como el Doo-Wop, el Surf y el Soul; todo demasiado tarde, por si fuera poco. Pero lograron ensamblar momentos de un lirismo delicado y bellísimo, a pesar de que en vídeos como el expuesto, parecen unos pardillos de cuidado.
En fin, tampoco les vamos a judgar demasiado por sus pintas de chicos universitarios de buena familia, así que quedémonos con sus engranajes pop, tan bonitos como acaramelados. Su primer disco fue el mejor, con diferencia.


The Third Power - Believe (Vanguard 1970)
Las huestes de Detroit caminaban por senderos de cruda realidad; el hippismo no les influyó demasiado, la vida en la ciudad del motor era dura, especialmente para las clases bajas. Violencia, drogas, segregación social y demás angustias para mermar la vitalidad juvenil. Y, claro, allí nacieron Los Stooges de Iggy Pop, Los Amboy Dukes de Ted Nugent, el soul áspero de Mitch Ryder o los combativos MC5. Pero hubo muchos grupos más, como por ejemplo éstos The Third Power, colaboradores de otro personaje del mundo ruidoso de Motor City, Bob Seger. Su único LP es un tratado de rabia y aspectos de psicodelia acelerada y distorsionada, un trallazo sin respiro que ahuyentó mentes sensibles. Como para dulzuras estaban en Detroit!!


Amen Corner – Farewell To The Real Magnificent Seven (Immediate 1969)
Bajo la batuta de Andy Fairweather Low, estos galeses se intrincaron en terrenos de la psicodelia a través del beat británico. Lograron una serie de temas que irrumpieron de inmediato en las listas inglesas y, cuando mejor lo tenían para consagrarse, se separaron. Andy era un músico voraz y deseaba intercalar en su repertorio ambientes del incipiente movimiento progresivo y así nacieron los estupendos Fairweather Low (como su apellido compuesto). En la línea del pop inglés efusivo y brillantemente edulcorado con matices de ensoñación, como hicieran Honeybus y, de alguna forma, los Hollies. Este fue su segundo (y mejor) LP.


Alan Price – Between Today And Yesterday (Warner Brothers 1974)
Aún cuando se es bien sabido que él fue el auténtico artífice de la adaptación del "The House Of The Rising Sun" de los Animals, en general su figura se quedó oscurecida por la de Eric Burdon. Cuando abandonó a los Animals y fundó The Alan Price Set siguió sin encontrar un merecido puesto en el reconocimiento, todo se lo llevaba su amigo Georgie Fame (merecidamente también). Sus siguientes discos fueron un continuo devaneo por el pop ingles con elegancia y personalidad, como si de un Ray Davies se tratase, ya que se parecían exageradamente en la música que hacían a mediados de los 70. Sus LP's reflejan el espíritu del sonido eminentemente británico, con exquisitos aderezos de cuerda y viento, junto al magistral piano que interpretaba. Yo, de todos sus discos tras la disolución de Alan Price Set, me quedo con este y la maravillosa "City Lights". Una orgía de orquestación casi cinematográfica.


Johnny Rivers – Rewind (Imperial 1967)
El inmenso Johnny Rivers tenía una facilidad pasmosa para enganchar al público que acudía asíduamente a sus conciertos, retratos variados del pop soul de la época, con adaptaciones entusiastas y energéticas. Era un gran intérprete, sin duda. Así hizo discos grabados completamente "on stage" en el Whisky A Go-Go de Los Angeles. Pero, a finales de los 60, se sintió atraído por la incipiente psicodelia y cambió sus trabajos hacia algo más elaborado; así surgieron LP's como "Changes", "Realization" y este "Rewind", donde toma prestadas canciones de otros y alguna suya, decorándolas de arreglos orquestales y engalanándolas con su preciosa voz. Las dos que usa de Jimmy Webb no tienen desperdicio.


The Wailers - Outburst! (United Artists 1966)
A pesar de que la fama se les ha otorgado a los Sonics, en el área de Seattle, el llamado Northwest Punk de los 60, el sonido que, de alguna forma, generó el Garage y, consecuentemente años después, el punk, no sólo estaban ellos. Los Wailers eran todavía más energéticos que los Sonics, duraron más tiempo e hicieron álbumes inconmensurables de rock áspero y furibundo como éste, su 5º LP, sin ir más lejos. Comenzaron como un grupo de Surf instrumental aunque bastante más rudos que sis vecinos de abajo, hasta que se transformaron en una banda de química eléctrica agresiva y sin paliativos. Tremendos!!!


The Sunshine Company – Happy Is (Imperial 1968)
Uno de los grupos que mejor representaban el efervescente sonido del Sunshine Pop eran estos cinco jóvenes del sur californiano que embelesaban con sus voces exquisitamente timbradas y sus melodías diáfanas, además de realzar canciones tomadas prestadas de otros, como la extraordinaria revisión del "Rain" beatliano o el "Up Up And Away" de sus colegas de directrices Fifth Dimension.
Su cuarto álbum es el más perfilado, el que recoge canciones menos conocidas, pero el mejor elaborado: de hecho es un trabajo que sirve de espejo al sonido en sí mismo y el paso de los años le ha dotado de una robustez armónica innegable. Un caramelo de belleza supina.


Geno Washington & The Ram Jam Band – Hipsters, Flipsters, Finger-Poppin' Daddies (Piccadilly 1967)
Aún resuenan en los after hours del Reino Unido las estruendosas voces de un público entregado al souman británico más estelar. Geno Washington, nacido realmente en los USA, pero implicado en el fenómeno del Swingin' London inglés, era un músico trepidante que, apoyado por unos paliduchos ennegrecidos de alma y frenéticos en cuanto a ritmo, poblaron los garitos de aquél incomparable estado anímico/musical. Sus conciertos eran casi orgiásticos, con palpitaciones de Soul y con salpicadura selecta de ska; adrenalina pura, vamos. Sus discos celebran el paroxismo de tan alta escuela de sudor con unas canciones febriles y contagiosas, clásicos y propios con la fuerza que le da el personaje en cuestión. Geno, Geno, Geno... como decía en aquella canción/homenaje Kevin Rowland y sus Dexy's Midnight Runners. El hombre negro de los mod ingleses. B.R.U.T.A.L


The Wackers – Shredder (Elektra 1972)
Formados en Montreal, Canada, la tercera banda de Bob Segarini, tras el efímero paso por Roxy, fue un grupo robusto de pop que se anticipó a la generación californiana del Power-Pop. Exactamente igual que Big Star, con quienes muestran una tremenda afinidad, pero sin conocer ningún tipo de reconocimiento ulterior. Sus tres Lp's son dignos de mención en una época poblada por la psicodelia, de la que ellos huían sin pensárselo. Canciones con grandes estribillos y herencia claramente Beatle (era Abbey Road) que decoraban sus composiciones. El sello hippie Elektra se fijó en ellos y no obtuvo beneficio, ya que sus discos se vendieron de forma mediocre; posiblemente porque su música no se correspondía al estado febril que se vivía en aquél momento. Pero recordarlos hoy es un ejercicio placentero que reporta el beneficio de la estimulación y el amor por las buenas canciones.


Chistopher - Christopher (Metromedia 1970)
Desde las catacumbas de Texas, este grupo de psicodelia áspera, rayaba el sonido hard con precisión e intensidad. Auspiciados por las formaciones británicas que deslavazaban el blues en busca de un estímulo más agrio, caso de Cream, Christopher acudían al sonido más poderoso del sur americano. Seguramente, como buenos fans de Roky Erickson y us huestes de 13th Floor Elevators, la búsqueda de un estado climático eléctrico les motivaba lo suficiente como para ensamblar canciones que, pese a no tener una duración excesiva, como en los grupos de esta índole, mostraban un clímax imponente. También reunían influencias del hippismo a la Jefferson. Sólo un disco, pero tremendo, en 1970, encrucijada de décadas.


Paul Revere & The Raiders – Midnight Ride (Columbia 1966)
No por ser los que mayor repercusión alcanzaron en el mundo del garage, eran los menos interesantes. De hecho sus discos son impecables y entusiastas y no son ensombrecidos por los restantes grupos del género que alcanzaron mayor nivel de culto veinte o treinta años después. El grupo liderado por Mark Lindsay (Paul Revere era sólo el teclista, aunque tomaron ese nombre por la coincisdencia con el revolucionario americano que se sublevó contra las tropas inglesas con sus propios "Raiders") creó una buena serie de discos combinado el ritmo garagero con mucho soul y estribillos propulsados por unas buenas dosis de pop. Por si fuera poco, inauguraron los trajes de época en el vestuario del rock, un poco horteras, pero graciosos. El mejor de sus discos es, posiblemente, éste, regado de gemas incandescentes. Geniales!!


Alan Hull – Squire (Warner Bros 1975)
Hull fue el alma mater de una formidable banda de folk psicodelico del norte de Inglaterra, Lindisfarne; con discos supinos y una puesta en escena inimitable y reconocida. Sus dos primeros discos fueron bandera de salida del sello Charisma, junto a los inicios de Genesis o Van Deer Graf Generator. Pero Hull era un personaje inquieto y, además de su pasión por el folk (o, incluso, el country), tenía una rama melódica muy, pero muy Lennoniana. Para demostrarlo hizo dos discos en solitario tan brillantes como desconocidos. Primero fue "Pipedream" en el 73 y luego este lustroso "Squire", un álbum pluscuamperfecto de tintes amargos y emocionantes que lo sitúa en el mismo parangón que el disco blanco de Beatles. No hay fisuras en este LP, porque es un disco redondo, ebrio y de dulzura dramática. Sencillamente embriagador.


Earth Opera – The Great American Eagle Tragedy (Elektra 1969)
Formados en el área de Boston, era un grupo de componentes variados, con Peter Rowan al frente, un músico de afinidades tejanas que acabó haciendo cosas cercanas al Tex-mex. Pero el segundo LP de Earth Opera es un conglomerado de sensaciones abigarradas, largos desarrollos de guitarras y presunciones ácidas en torno a canciones que registran muchos cambios de ritmo. Es un álbum con excesos, pero todos son paladeables, no hay sobras, no hay desmesura, sino pasión y toneladas de creatividad. Con la ayuda de John Cale, que usa su famosa viola, Rowan cuenta con dos imponentes aliados, Paul Dillon y David Grisman, que estaban involucrados en aquella generación del Bostown Sound. Nunca ha sido considerado como uno de los grandes discos de aquél momento, pero sí es cierto que ostenta un nivel que muchos de los LP's emblemáticos ya quisieran para sí. Para mi, un trabajo enorme.


Red Guitars – Slow To Fade (Self Drive Records 1984)
La condena a los grupos de los 80 por exceso en producción, manierismos y posturas ficticias no es justo en muchos casos; porque aquella década también ofreció francotiradores que usaban el sonido con mesura y no provocaban situaciones hilarantes cuando escuchabas su disco. Incluso pasan el tiempo con brío. Eso les ocurrió a los infatigables Red Guitars, cuyos dos LP's son irresistibles, unos tratados de guitarras y pop indeleble que les sitúa en las mejores coordenadas de unos La's o unos Smiths, aunque sin la grandilocuencia de Morrissey, es decir, más de culto independiente. Sus canciones reflectan sentimiento y tensión, con mucho nervio y con momentos realmente febriles, por la rapidez con la que enervaban con sus guitarras (puede que de ahí su nombre). Escucharlos ahora es una lección que nos da el hecho de que no todos los grupos de aquellos años se gastaban toda la energía en la peluquería.


Chuck Jackson – Tribute To Rhythm And Blues (Wand 1966)
Poderoso cantante que combinaba con sabiduría el soul con el R&B y que estuvo en varias compañías discográficas de alcurnia, entre ellas Motown, ABC, Crown o la infravalorada Wand, hogar de Maxine Brown (con quién formó pareja en un disco) o Bobby Hebb. Este tributo al R&B es un disco más bien de soul carnoso y teatral, enfatizado por la pasión que generaba su prodigiosa garganta. Chuck era un tipo con fuerza, que igual capturaba al público blanco en actuaciones plagadas de rock 'n' roll, como cautivaba almas dolidas de corazones adolescentes tiernos y en proceso de sentir emociones. Cuando escuchas las canciones de discos como éste, crees fervientemente en el calor que propicia la música negra.


Kim Fowley – International Heroes (Capitol 1973)
Viendo ahora mismo la fantástica reedición en vinilo que ha sacado el sello Vinilisssimo, aprovecho para rescatar este álbum de Glam del inclasificable y genio mayúsculo Kim Fowley. Impregnado de la esencia que se vivía en Inglaterra, cautivado por Marc Bolan y su disco Electric Warrior, cuando ya había comenzado con el nombre de T. Rex, tras la pausa hippie folk de Tyrannosaurus Rex, sorprendido por Bowie, que acababa de firmar Hunky Dory y mezclándolo todo con su admiración por Bob Dylan, Fowley esgrime un trabajo esbelto y carnoso, con mucha melodía y exento de la rabia que le había caracterizado. El resultado es un LP redondo con muchas canciones excelentes, tanto en argumentos melódicos como en solidez lírica. Del Born Dancer bolaniano al título del disco, muy Bowie o la impecable Something New. Lo memorable alcanza aquí su mayor plenitud.


Brainbox - Brainbox (Imperial 1969)
Cuando centramos la música europea en el Reino Unido nos equivocamos de pleno. Aparte de las cosas que se hacían en éste país, bajo el condicionante de la dictadura, el movimiento músico/lúdico Ye-yé, afincado en Francia y algo en Italia o la generación sesuda del krautrock alemán de los 70, el país con mejor estado anímico era Holanda, posiblemente propiciado por la ciudad más libre del mundo, con más posibilidades de que el arte se disparase; evidentemente estoy pensando en Amsterdam. Allí la cantidad de bandas que hoy en día son descubiertas, treinta años después, nos dejan atónitos; es increíble el número de formaciones vibrantes que se movían bajo los influjos de la psicodelia, el R&B y el Hard rock, realmente era sorprendente. Una de las formaciones seminales de aquella generación eran Brainbox, la primera banda de Jan Akkerman (luego fundador de Focus), que reinventaba el blues ácido con excitantes desarrollos instrumentales, con momentos catárticos. Su primer Lp es una escultura de densidades aprisionantes, en una obra cargada de tensión. Su segundo disco no pudo mantener el nivel y la reunión, años después, fue patética; así que nos quedamos con este pastel de cirugía electrizante.


Tuxedommon - Half-Mute (Ralph records 1980)
He aquí un ejemplo de cómo la música se multiplica en estadios no uniformes y se abre en posibilidades infinitas. Tuxedomoon nacen en la ciudad de San Francisco, una banda que aúna espíritus inquietos que se involucran en terrenos de vanguardia, en todos los aspectos, porque sus montajes audiovisuales, su interacción con grupos de teatro y sus actividades paralelas en cine o distintas performances, hacen palpable un colectivo cambiante de músicos capitameado por Blaine L. Reininger, Peter Principle y Steven Brown. Por ello es imposible calificar dentro de un concepto pre establecido el sonido de Tuxedomoon; quizá la definición de artistas totales describe perfectamente ese cocktail de rock, jazz, experimentos, electrónica y sonidos tradicionales pasados por la turmix del ingenio. Tras fichar por el sello de los Residents (además eso, riesgo en estado puro), debutan con un tratado de alquimia sorpresiva que deslumbra, literalmente.


The Classics IV – Traces (Imperial 1969)
Un curioso caso de banda liderada por el músico menos importante, aunque quizá el más singular. Dennis Yost recaló en Florida, partiendo de su Detroit natal, entusiasmado por los grupos vocales de Doo-Wop y por el falsete de Frankie valli con los Four Seasons. Allí se alió con dos buenos compositores, James Cobb y Buddy Buie, que le entregaron un sinfín de canciones delirantes en formato pop, haciendo carambolas con los coros y ciertos tintes pre-psicodelicos; pero todo era muy naif y el resultado quedaba totalmente sunshine. Cuando llamaron a la banda Classics IV, basándose en el artilugio que llevaba Yost en la batería, todo se propulsó. Dennis pasó a ser cantante y dominó el combo. Primero un fulminante LP "Spooky", antesala del preciosista "Traces", dominado por sus propias composiciones. Lirismo y melodías cristalinas a borbotones.


Jules And The Polar Bears – Phonetics (Columbia 1979)
Un soplo de pop al mejor estilo nuevaolero desde el norte de los USA. Jules Shear había militado en una banda llamada Funky Kings, grupo de horroroso nombre pero de ímpetu impecable, con un LP en la misma onda que Badfinger de los mejores tiempos. Pero luego descubrió lo que se fraguaba en el Reino Unido, se enamoró de Costello, Garham Parker y Nick Lowe y decidió montar su propia versión de la New Wave. No es que durara mucho, el calificativo "power-pop" que era el equivalente, más o menos, a la New Wave británica, fue un estrepitoso fracaso en los USA, a pesar de que estaba repleto de grupos colosales. El segundo disco de los Polar Bears era irresistible, aún teniendo presente las pintas tan horteras que lucían en la portada. Disco para iluminar tardes en las que la luminosidad se echa en falta.



































sábado, 23 de noviembre de 2013

15 NUEVAS SENSACIONES PARA ESTREMECERSE

Aquí están los últimos 15 discos que he ido poniendo en mi Facebook. Os recuerdo que podéis escuchar mi programa de radio para combinar estos sonidos con muchas cosas apasionantes del presente:



Music Emporium – Music Emporium (Sentinel 1969)
Maldita gracia le hará a Casey Cosby descubrir que su único LP, del que sólo se tiraron 300 exiguas copias, es ahora considerado una pieza de culto por coleccionistas de psicodelia. Por lo menos se contentará sabiendo que el sello Sundazed lo ha reeditado con bastante pulcritud. The Music Emporium procedían de Los Angeles y eran una "obscure band" llena de talento y creatividad; sus canciones oscilaban entre el ambiente oriental y lo más ácido de California. El Lp que publicaron era una preciosidad en todos los sentidos, la portada desplegable incluía unos troquelados realmente preciosos (desgraciadamente, la reedición no los lleva) y, a pesar de que la tirada era minúscula, estaba presentada con todo lujo de detalles. El disco en sí mismo es una expresión del género en toda su ortodoxia y no deja indiferente, por cuanto las composiciones rayan la belleza más absoluta. He de confesar que no tengo la edición original (que ronda los mil eurillos) sino la segunda, que un sello independiente y desconocido hizo algunos años después (aunque, afortunadamente, con una perfecta copia de la original).
http://www.youtube.com/watch?v=N_WMEv-zE5g

Foghat - Foghat (Bearsville 1972)
La primera escisión de Savoy Brown dio a luz una banda de blues rock con pinceladas de post-psicodelia, con la excepcional participación de un guitarrista llamado "Lonesome" Dave Peverett, que daba el toque de calidad al grupo. Su primer trabajo es arrollador, tanto por los temas propios como por alguna versión, como la apoteósica "I Just Wanna Love To You", un clásico bluesy que aquí adquiere una forma hard de carretera irresistible. Monumentales.

Cowboys International – The Original Sin (Virgin 1979)
Una de esas formaciones que usaban los resquicios del punk para entablar una forma de vida sónica llamada art-rock, donde también hallamos a Magazine o Fall, por poner unos ejemplos. El grupo de Ken Lockie sólo pervivió un corto periodo de tiempo y sólo hicieron este brutal LP, con influencias de la etapa ruidista de Brian Eno y colaboraciones de lujo que venían de PIL. Llamados a ser la alternativa al sonido sintético y melifluo de la mayoría de bandas que buscaban un ambiente de tecno mercachifle, Cowboys International estaban cerca del ideario de la No Wave neoyorkina (las conexiones con Talking Heads son clarísimas), pero no tuvieron suerte, como la mayoría de las cosas buenas en aquella década tan poco definida.

Tommy Keene – Songs From The Film (Geffen 1986)
Uno de los músicos que se esfuerza en recuperar el ideario sonoro del power-pop sin perder un ápice de credibilidad. Keene es, aparte de esto, un excelente compositor de canciones decoradas con un tramado de guitarras que enganchan desde la primera estría. Su primer LP, tras un mini absolutamente sorprendente, es un hallazgo de lujo; una serie de composiciones cristalinas que, a pesar de estar en la comparación del sonido clasicista, descubren el brío de un creador entusiasta y preciso, que todavía seguirá haciendo grandes discos tras éste.
Apabullante.

Aztec Two-Step – Aztec Two-Step (Elektra 1972)
Tras la explosión folk que tuvo lugar en el corazón de Nueva York, en el Village, desde todos los lugares de los USA salían grupos y nombres afinados a esta forma musical que usaba las letras como dagas envenenadas y las guitarras acústicas como ametralladoras. Pero no todo eran arengas politizadas, también se buscaba la melodía y la cadencia pop. Desde Boston llegaron este dúo de compositores/intérpretes que nos deleitaron con su primer disco, un tratado de pop folkerizado sublime y envolvente. Como todas las obras culminantes, no tuvo continuidad y el grupo se fue difuminando dejando la estela de este impecable primer paso.

The Mandrake Memorial - The Mandrake Memorial (Poppy 1968)
De el área de Philadelphia, eran unos discípulos del sentido estricto de la psicodelia pero, como residían en el Este, coqueteaban con afinidades barrocas similares a la de grupos como Left Banke. Editaron tres álbumes y, sin duda, el primero fue el más excitante. En él se juntan sus aspiraciones lisérgicas con tamices de corte jazzístico y algunas algarabías orientalistas. Nunca se les ha hecho justicia con respecto a otras formaciones menos brillantes. Pongamos, pues, las tildes adecuadas al respecto.

The United States Of America - The United States Of America (Columbia 1968)
Joe Byrd era un estudioso del sonido, utilizaba los más inverosímiles instrumentos del pasado y los electrizaba, como un alquimista; desdibujaba las melodías y las reconstruía a su antojo, era un visionario. Pero no alcanzó ningún tipo de notoriedad, a pesar de ser un genio con mayúsculas. Editó dos discos, uno con el atrevido nombre de Los Estados Unidos de América y otro con el de Joe Byrd And The Field Hippies. Usó estrategias de grabación inusuales para la época y agredió al sistema con arreglos mucho más aventajados de lo que usaban grupos por entonces considerados "avant-garde". Eran demasiado arriesgados y todo era demasiado pronto. Pero eran, claro, inmensos. Hasta en la portada del disco se esmeraron.

Steam – Steam (Mercury 1970)
Los grupos que se impregnaron con el sonido negro fusionaron ideas en un prisma original y excitante. Los más reconocidos fueron Blood, Seat & Tears y, como triunfadores absolutos del género, Chicago. Pero fueron estos Steam, procedentes del área de Nueva York, quienes lograron un único disco contagioso de sudor y pálpito negroide. Ni una fisura en todo el disco, que incluso llegó a tener un cierto éxito, aunque fulgurante y efímero.
Uno de esos álbumes redondos y desconocidos para alegrar nuestros espíritus.

Kevin Coyne – Heartburn (Virgin 1976)
Uno de los músicos inclasificables de la escena de los 70 en el Reino Unido. A medio camino entre el Pub rock, la psicodelia y ciertos aromas de rock progresivo. Coyne comenzó con su grupo, Siren, haciendo una mezcolanza de folk y pop etílico, para acabar como un compositor extravagante que rubricó grandes LP's durante la mitad de la década. Quizá comparable por momentos a Kevin Ayers, Robert Wyatt o Daevid Allen, se movía con soltura haciendo canciones perezonas que envolvían sin casi premeditación, dejando ese sabor de boca agridulce que sólo los genios eran capaces de provocar.

Don Covay & The Goodtimers – Mercy! (Atlantic 1964)
Otro de esos vocalistas temperamentales, rey de los medios tiempos y embrión del soul tras su paseo por el R&B. Covay era, por añadidura, un compositor lúcido y ha acabado siendo uno de los referentes de los primeros tiempos de Atlantic. Casi todos los grupos británicos de beat y blues se rendían ante sus canciones, lo cual no es de extrañar, teniendo en cuenta que LP's como este son parte de la historia de la mejor música negra de todos los tiempos.

Art – Supernatural Fairy Tales (Island 1967)
Entre The Vip's y Spooky Tooth, dos bandas representativas del sonido inglés, pautado entre décadas, existieron Art, el grupo que cobijaba los mismos componentes que Spooky, pero sin entrar en terrenos progresivos. Art sólo editaron un LP despampanante, de ambiente ácido, pero muy inglés, con sobredosis de órgano y guitarra hasta el punto de apabullar. Grosvenor y Harrison dominan el proyecto y ya planea sobre ellos la idea de crear algo más denso, pero es este primer y único disco como Art se descaran con la escena del momento en un ardid de colosales dimensiones, con canciones de matiz saturado, es decir, excesos de instrumentación condensada y voces casi precursoras de lo que vendrá con el concepto progresivo. Un tratado de rock, para entonces, aventurado.

Neighb'rhood Childr'n – Neighb'rhood Childr'n (Acta 1968)
San Francisco era mucho más que una ciudad (la ciudad más hermosa del universo, confirmo), era un templo que cobijaba la esencia del flower power de los 60, el espíritu hippie que aunaba la ideología más vanguardista del mundo moderno y el sonido de la electricidad. Neighb'rhood Childr'n era una banda poco reconocida de aquél mundo de libertad sónica, en el mismo espejo que Jefferson Airplane, pero quizá menos crudo, porque estaban menos politizados que aquellos. Procedían de Portland, Oregon, pero se movieron hacia la ciudad emblemática para desarrollar su arte. La portada del disco es una imagen de la ciudad, North Beach y un clásico edificio en el que se ven los semblantes de esta banda de ácido pop californiano.

Georgie Fame – Get Away (Imperial 1966)
Durante la primera mitad de los 60, las ediciones británicas y americanas de un mismo disco eran distintas, cambiaban la portada, el orden de las canciones y hasta había alguna canción distinta. Total, que acababas comprando las dos. Eso pasaba con las discografías de Hollies, Animals, Dave Clark Five, Heman's Hermits y Georgie Fame (muchas más, pero en éstos era flagrante). Este "Get Away", de manufactura americana, es el mismo (casi) que el inglés "Sweet Things", pero el cambio de un par de canciones hace que el vinilo estadounidense sea más atractivo. Georgie Fame era (y sigue siendo) un monstruo del R&B de ojos azules, del soul británico, el epicentro mod en la bulliciosa ciudad de Londren en plena eclosión del "Swingin' London". Toques de jazz vocal, con ritmo, para hacer mover los pies, soul vacilón para hacer que palpite más nuesta sección rítmica alveolar y una voz sagrada. Todo un gigante.

Sparks – Kimono My House (Island 1974)
Los estrambóticos hermanos Mael eran una boutade del Glam. En primer lugar procedían de America, algo que con su look ya era raro; mezclaban sin pudor el pop con las marchas militares y, si aún eso no parecía aberrante, uno vestía como una señorita de colegio inglés mientras el otro parecía sacado de las SS hitlerianas, bigotito incluido; además eran dos gays convencidos. Comenzaron con el nombre de Halfnelson y editaron dos discos de rock con ínfulas andróginas hasta llegar a este magistral tratado de belleza inexplicable. Precursor para la época, "Kimono My House" sigue siendo tan revolucionario como el año que se editó. Y excesivo, era alucinantemente excesivo.

Stretch – Elastique (Anchor 1975)
Elmer Gantry había militado en los estupendos Velvet Opera, grupo inglés de corte psicodélico que manufacturó dos brillante Lp's a finales de los 60. Después de un letargo considerable volvió con una nueva banda que cambiaba radicalmente la percepción que de él se tenía en cuanto a sonido (también a vestuario). En un momento en que el Glam era lo determinante, Elmer se alió al movimiento pero dándole unas ínfulas negroides; algo realmente atrevido debido a que ese sonido sólo se acercaba al rock blanco. Pero le salió perfecto, con tres exuberantes discos encabezados por éste, muy Funk a lo Sly Stone. Lo de los atuendos era digno, también, de destacar, pero mejor será dejarlo para el recuerdo de la etapa visualmente más hortera del pop inglés. Uno de esos discos rotundos... y salgamos a la pista, beibi!!!












domingo, 29 de septiembre de 2013

20 SENSACIONES SÓNICAS PARA ESTREMECERSE

Flat Earth Society – Waleeco (Fleetwood 1968)
Eran jóvenes, atrevidos e inquietantes. No era normal que un grupo provocara esas dosis de tensión a una edad tan precoz. Y así les fue; editando su LP en un sello microscópico, que no tuvo ninguna repercusión hasta que treinta años después se les descubre como un prototipo de grupo psicótico aderezado con guitarras fulminantes además de componer íntegramente el álbum (excepto una versión de Wilson Pickett que os dejará enloquecidos). Lo que son las cosas, ahora forman parte del mundo de culto sónico psicodélico. Lo merecían en su día. Alucinad con esto.

Keith – 98.6 / Ain't Gonna Lie (Mercury 1967)
Los verdaderos artífices del sunshine pop recalaron habitualmente en California, pero James Barry Keefer se movió siempre por su Philadelphia natal, aunque se recorrió todos los estados de América gracias a 1º/ su innato talento para cantar canciones con chispa y 2º/ el gancho de su imagen, un teenager para enganchar a las jóvenes generaciones de las high schools. Utilizó el nombre de Keith y grabó tres portentosos discos de ensoñación irresistiblemente melódica. Quizá su último disco recogía algunos acercamientos a la psicodelia, pero sus logros se concentraron en su primer disco, conteniendo un abanico de canciones de estribillos propulsados por cohetes que se dirigían directamente a nuestro corazón.

The Beau Brummels - Triangle (Warner Brothers 1967)
Después de sus dos primeros discos, en una onda cercana a los Byrds, aunque con ese toque de San Francisco, Ron Elliott y, especialmente, Sal Valentino, que era un converso al hippismo reinante, se acercaron a uin sonido más propio. "Triangle" fue su álbum más afinado, más ecléctico y más americano, bañado por creaciones cercanas al country y formidable en sus arreglos. Posteriormente, sal Valentino se largó para montar su propia banda de hippies combativos, pero dejó pequeñas píldoras de pop folk como las que adornan éste LP.

The Jazz Butcher – A Scandal In Bohemia (Glass 1984)
Los hay que pasan a la historia como francotiradores en un mundo al que no pertenecen, los hay que luchan contracorriente sabiendo que suelen tener la razón, los hay que se escapan a los monocordes catálogos del arte, los hay que provocan emociones a una minoría selecta (lo selecto siempre es de minorías), los hay que vislumbran un concepto distintivo y lo catapultan con talento a borbotones. Y también los hay perdedores, injustamente olvidados a pesar de ser genios en toda la dimensión de la palabra. En ese elenco de mentes preclaras esta Pat Fish, uy! quiero decir The Jazz Butcher, que para eso usó este gracioso nombre de guerra, porque lo que él hacía era guerrear contra un estilo vulgarizado a mediados de los 80. Herencia velvetiana, ritmos frenéticos y canciones que jamás, escuchad bien, JAMÁS se quedarán obsoletas. Elegir un sólo disco de Jazz Butcher es harto difícil, así que hoy opto por el camino fácil, su obra maestra (o una de tantas). Descubrirlo es una rendición que hay que asumir... y disfrutar.

Arthur Conley – Shake, Rattle & Roll (ATCO 1967)
Para celebrar el número 100 de nuestro listado de discos del día, nada mejor que un emblemático músico de deep soul, de la Atlantic, para más señas. Conley era uno de los pesos pesados del sello, sólo eclipsado por torpederos como Otis Redding o Aretha Franklin. Además fue tan honesto que se empleó a fondo con los pocos discos que publicó, combinando canciones propias con adaptaciones certeras de otros, apropiándose con brío de ellas y convirtiéndolas en creaciones distintivas. Cada uno de sus discos muestra el talento de un músico capaz de combinar tanto los medio tiempos como la energía desaforada. La versión que hace del clásico de Joe Turner es ejemplar. Si imagináis una mezcla entre Sam Cooke y Otis... ahí está Arthur Conley!!

Leon Russell – Carney (Shelter 1972)
Con su magistral voz nasal, Russell era uno de los músicos de sesión más reputados para las factorías de creadores de hits; como la de Phil Spector, sin ir más lejos. Huraño, taciturno y totalmente impregnado de la cultura sureña y pantanosa, formó una banda junto al fantástico Marc Benno y luego llevó una trayectoria en solitario que rondaba la perfección, con la ayuda de infinidad de amigos como George Harrison, Randy Newman, Dr. John o el mismísimo Bob Dylan. A pesar de que es un músico reconocido, he querido incluirlo en éste listado de discos porque álbumes como éste se acaban olvidado y son piezas pluscuamperfectas de rock americano con raíces.

The Cuff Links - Tracy (Decca 1969)
Quizá un poco tarde para editar un disco de sunshine pop, era el 69, año erótico cómo diría Gainsbourg, pero era la única forma de concebir la música que tenía un excelso compositor de joyas como era Paul Vance, singular componente de un grupo ficticio como eran The Archies. Allí estaba también el cantante de aquellos chicos de cómic, Ron Dante que, junto a Pat Rizzo, construyeron el embrión de una banda "real" como The Cuff Links, con canciones tremendas que podían solventar la crisis reinante para los grupos menos comprometidos con la causa hippie (no olvidemos que la psicodelia y otros sonidos más rudos imperaban entonces). Hicieron dos excitantes discos, pero su primer LP (este) era redondo e incluso ahora nos devuelve la sonrisa, que buena falta hace en estos tiempos tormentosos y poco civilizados.

The Standells - Why Pick On Me - Sometimes Good Guys Don't Wear White (Tower 1966)
Aunque eran unos chicos bien, hijos de ricos y con parentescos famosos en la industria cinematográfica, sabían dotar a sus canciones de la rabia suficiente para convertirse en uno de los grupos adalides del sonido Garage. Su imagen de rebeldes y proto mods americanos hacía el resto. Este fue su segundo LP, tras unos inicios en el sello Liberty, con un disco grabado en falso directo, como hacían sus colegas los Kingsmen. Ya en Tower, sacan a relucir sus fragancias aguerridas, sus guitarras afiladas y el nervio incandescente de canciones que pasarán a los anales de éste género. Oirlos es sucumbir a sus tentaciones.

Alphataurus - Alphataurus (Magma 1973)
Es incomprensible que Italia esté atravesando desde hace más de 20 años una sequía creativa tan lamentable. Nada en la música italiana se puede salvar desde mediados de los 70. Posiblemente la política devastadora de Berlusconi, en cuanto a cultura se refiere, ha hecho tanta mella como daño. Porque en Italia siempre ha habido un gran nivel en el rock, además interpretado en su idioma, que ya es atrevimiento. Los 60 fueron muy ye-yés, con Celentano, Rita Pavone, Dalida o Patty Pravo a la cabeza; pero el sonido progresivo fue sin duda el momento épico del rock transalpino. Eran bandas fantásticas, venían casi todos de coservatorio e incorporaban a sus influencias claras (KIng Crimson, Genesis, Yes, Gentle Giant, Caravan y toda la esencia Krautrock) una tesitura lírica muy mediterránea. Conclusión: grupos por doquier maravillosos, New Trolls, Celeste, P.F.M., Banco, I Pooh, Aquafragile, Alusa Falax, Le Orme.... y podría hacer una lista de más de 100 grupos realmente brillantes). De entre todos ellos me gustan especialmente Alpahtaurus, una formación de Milan que editó su único álbum con una portada prodigios desplegable en tríptico y con unas canciones que deambulaban entre la intersección del progresivo y la postrera psicodelia. Escuchar el disco entero, de golpe, provoca un estremecimiento catártico.

The Web – Fully Interlocking (Deram 1968)
Inclasificables donde los haya, esta formación de músicos interracial procedente de Inglaterra, comenzaron fundiendo la psicodelia con el soul y lo hicieron francamente bien. Su primer álbum es, precisamente, una amalgama de sonidos sorpresivos que aúnan estilos de forma notable. A partir de aquí se metieron de lleno en ambientes progresivos, pero nunca lograron la brillantez de éste LP, que crea adición, por cuanto las melodías son cristalinas, los arreglos son elegantes y el fondo final presenta un disco incluso atrevido. Aviso para navegantes: no busquéis este LP por menos de 75,00 €. Siempre os quedará el refugio del CD. Sorry!!

Bobby Womack & J.J. Johnson – Across 110th Street (United Artists Records 1972)
Tras su efímero paso por The Valentines, Bobby Womack llevó a cabo una impecable carrera en solitario como soulman implicado en la ideología de los Black Panthers, pero sin que se notase demasiado, por si las moscas. Como es evidente, participó en alguna banda sonora de blaxploitation, como ésta peli de serie B, con gansters, drogotas, colgados y demás escoria del ghetto. Compuesta a medias con J.J. Johnson, músico de sesión con bastante experiencia en el jazz, las músicas de esta banda sonora, junto con las letras salvajes sobre la inmundicia a la que se ha condenado a la raza negra, reflejan un sentimiento de impotencia, angustia y emoción absolutamente negra, con orgullo y altanería. Extrañamente, Tarantino volvió a emplear la canción estrella de éste film para otra de sus películas, Jackie Brown, cosa que no se suele hacer; pero es que la letra de ésta canción te pone los pelos de punta.

Jackie DeShannon – Are You Ready For This? (Imperial 1966)
En un mundo de hombres, hasta los grupos de mujeres estaban dirigidos por alguna factoría de gerencia masculina. Tenían su gracia esos grupos de chicas, pero ellas no controlaban nada, sólo ponían sus bonitas voces y sus curvas, para el deleite masculino, por cierto. Pero había algunas francotiradoras como esta portentosa mujer, cantante sensible, compositora incandescente y presencia imponente. Jackie se labró una pléyade de seguidores gracias al brío de sus canciones, al pop perfecto de sus melodías y a sus adaptaciones ricas en emotividad. Ella combinaba sus propias composiciones con las de otros, pero siempre imponiendo su personalidad. Qué grande era!! qué hermosa!! es imposible no adorarla. Me encantaría poner alguna de sus composiciones de este disco, pero no están en el Youtube ese, así que coloco una de las versiones que hace. No sé cuantas veces me he ido a la cama con ella.

The Amboy Dukes - The Amboy Dukes (Mainstream 1967)
Detroit fue conocida, además de por el imperio automovilístico, por ser una de las ciudades norteamericanas con más fiebre musical; allí se encontraba la sede de la Tamla Motown, por sólo poner un ejemplo preclaro. Pero también era una ciudad angustiosa, difícil y terriblemente dura, por eso existían músicos del calibre de Iggy Pop, con sus Stooges en los primeros años, pura tensión descontrolada; MC5, jugando a desestabilizar sistemas y electrizando al máximo sus melodías o Mitch Ryder, haciendo que el soul no sólo fuera una música de baile, sino que también extasiara y provocara. Y, como añadidura, estaban los Amboy Dukes, que no se encontraban exactamente en el punto de mira del sonido de aquella ciudad, pero que ilustraban la psicodelia a base de nervios. Con Ted Nugent al frente (que, desgraciadamente, acabó reclutado en el bando heavy tradicional, perdiendo la capacidad de sorpresa), hicieron tres notables Lp's, encabezados por éste, un primer disco abrasador y cáustico, como debía ser para la época. Casi perfecto.

Rick Nelson And The Stone Canyon Band – Garden Party (Decca 1972)
Siempre he tenido una debilidad especial por Ricky Nelson, el más completo rocker de los 50 y 60. El fue capaz de escaparse a los arquetipos que lo colocaban como una estrella con "pretty face" y compuso infinidad de canciones, giró por todo el mundo, creó su banda de country rock en los 70, fue actor de carácter y creyó en sí mismo coma nadie. Y eso que lo tuvo complicado, fue una TV star ya de niño, lo que no le permitió ser del todo libre para hacer lo que quería. Además tuvo mucho éxito con grandes canciones; pero lo suyo era recuperar el espíritu del country roquerizándolo y, de hecho, en muchos momentos se mueve en la misma onda que Neil Young de "Harvest". La Stone Canyon Band era un grupo espectacular, con discos que pasarán a los anales de la historia del sonido americana, como 30 años antes de la acuñación. Mi favorito era éste, un trabajo sólido con su voz embriagadora, las dualidades de guitarras y ese poso maravillosamente "southern". Además, se burló hasta de sí mismo en la canción que da título al disco y que es, sencillamente, una composición colosal, tierna y emocionante. Para mi, Rick era el más grande, el más grande.

Scott Wilk + The Walls – Scott Wilk + The Walls (Warner 1980)
A primera vista, la escucha de este disco te retrotrae a la primera época de Elvis Costello, pero con algo de sabor americano; mucho Power-Pop, vaya. Fracaso estrepitoso para un disco que está ahora alcanzando el respeto de la crítica, que no le hizo ni caso en su momento. Canciones con mucha chispa, estribillos que se adhieren a nuestras neuronas y energía propia de aquellos años nuevaoleros. Gran LP, simple y directo ¿para qué más?

The J. Geils Band – Hotline (Atlantic 1975)
Poco se puede argumentar sobre un grupo clave de la escena rock americana de mediados de los 70. Pero es injusto que la J.Geils Band haya permanecido como un grupo menor, una especie de Rolling Stones a lo USA, a pesar de que su numerosa cantidad de discos merezca un mayor reconocimiento. Pienso que algunos de sus álbumes están a la altura de lo mejor de Faces o de los Stones etapa Taylor, aunque con mayor dosis de herencia soul. Como es lógico, sus primeros tres discos apabullan, pero es en la etapa intermedia cuando logran una estabilidad entre las versiones de sus amados músicos de blues/soul y sus propias creaciones. Como caso claro, este séptimo Lp de su carrera, con una portada preciosa en la que parece que se descuelga el teléfono cuando abres la carpeta. Brutales!

Andromeda - Andromeda (RCA 1969)
Existía la creencia en el Reino Unido de que el paso siguiente, tras la experiencia Mod, debía ser la psicodelia. Craso error; muchos grupos abrazaron otras terminologías musicales sin pasar por el lado ácido. De hecho, muchas bandas se acercaron al Hard Rock o al progresivo como de soslayo. Ahí, en esa difícil situación artística, se encontró el grupo que manejaba un guitarrista virtuoso (aunque no excesivo) llamado John Du Cann, que jugaba con muchas ideas y se esmeraba en todas ellas, sin ser especialmente afín a el movimiento picotico del pop. Es francamente complicado situar a Andromeda en un contexto definido, pero sí se puede decir de ellos que eran originales, intensos y creaban canciones de largos desarrollos algunos años antes de que el sonido progresivo se apropiase de las mentes jóvenes británicas.

Nils Lofgren – Nils Lofgren (A&M 1975)
Después de finiquitar una de las bandas más interesantes de rock americano entre décadas, Grin, el exuberante guitarrista Nils Lofgren inició una carrera en solitario tan magistral como poco reconocida. Sus discos superaban a los de los músicos que le pedían que les acompañase como guitarra principal en sus giras (Bruce Springsteen o Neil Young, entre otros). Pero él seguía convencido de que tenía mucho que componer y mucho que interpretar sin tener que recurrir a una gran estrella como plataforma. Ignominiosamente siguió sin tener suerte y continuó haciendo discos que no vendían ni siquiera minimamente, a pesar de ser grandes álbumes, como éste, su primer LP, que contiene unos ejercicios de guitarra intensos y comedidos, porque nunca fue uno de esos instrumentistas aburridos al que le gustaban las florituras. Los siguientes discos fueron también geniales, "Cry Tough", "I Came To Dance"... pero no le sirvió de nada. Afortunadamente su cuenta bancaria incrementaba, ya que era un músico muy solicitado, pero siempre le quedará ese poso de amargura al saber que sus Lp's eran incombustibles y, sin embargo, se apagaron en el agua del olvido.

The Clique - The Clique (White Whale 1969)
Como tantos grupos de un sólo disco, vertieron su talento de golpe en el único momento en que pudieron. Con algunas versiones y varias composiciones propias, contaban con la presencia de un héroe de culto de la escena Garage, Gary Zeckley, y habían estado involucrados en el ambiente de los 13th Floor Elevators, pues procedían de la tejana Austin. Su amistad con el archifamoso, por entonces, Tommy James (de los Shondells) les hizo tener la posibilidad de grabar este trabajo recargado de arreglos y poder adaptar "Sugar On Sunday". Pero, sin duda, las mejores canciones fueron las compuestas ex profeso para el disco. Lástima que no tuvieron continuidad, aunque siempre es una alivio conservar un disco como álbum de culto.

Plastic Penny – Two Sides Of A Penny (Page One 1968)
Como tantos grupos de sabor británico, las composiciones de esta banda de vida efímera (sólo publicaron dos discos, éste fue el primero), eran odas a la melodía diáfana con psicodelia espolvoreada en pequeñas cantidades. Situados en la misma galaxia que los Who (también tenían algo Mod) y, lógicamente, los más floridos momentos de Beatles, creaban canciones hermosas y paladeables, en la onda de Honeybus, sin ir más lejos. Poco o nada más se puede decir de ellos, excepto que entraron en los charts ingleses con un par de canciones y que sus discos nunca se editaron en América.