LA RADIO COMO SISTEMA DE COMPARTIR PASIONES

LOS 39 SONIDOS es un programa de radio que se escapa a las funciones tópicas de un espacio musical al uso. La idea es la de compartir sensaciones sónicas a través de un pequeño/gran club de apasionados por melodías creativas.
Combinando canciones del pasado con composiciones del presente, recuperando discos mágicos añejos y mezclando esos sonidos con algunos discos que surgen de ahora mismo y que nos dan a entender la necesitad de vibrar tanto con lo de antes como con lo que nos rodea, huyendo de las vulgares interpretaciones de las multinacionales, que corroen la creatividad.
Este es un programa de canciones, de buenas canciones, nuestras mejores amigas; pero también es un programa de gente que crea arte sónico, que hace discos eternos o, por lo menos, que son eternos durante un periodo que nos hace las cosas más dulces.
En fin, hablamos sobre sentimientos que provocan los decibelios, discos,canciones, discos y canciones.
LOS 39 SONIDOS se emiten cada lunes en directo, desde las 9 hasta las 12 de la noche y es grabado instantáneamente para ser colgado al día siguiente.
Pero, para degustar el programa en cualquier momento y desde cualquier lugar, lo mejor es ir a: http:los39sonidos.podomatic.com
Buen provecho!

martes, 16 de julio de 2013

Otros ingenios sonoros para despertar emociones

Unos discos más para dejarse llevar por sentimientos sónicos:

70- Willie Nile - Willie Nile (Arista 1980)
Heredero del sonido neoyorkino, de la nueva ola y del ambiente del cantautor eléctrico, Nile es un trovador caustico del asfalto y las luces de neón; un Lou Reed o un Elliott Murphy con un marcado tono pop. Todos sus discos representan el estímulo de un músico extraordinario en su vena melódica y enérgico en la definición de sus discos. Comparado a menudo con su buen amigo Bruce Springsteen, yo no le veo parecidos evidentes, excepto en algunos conceptos literarios en sus letras. Si tuviera que emparejarlo con otro Lp, elegiría el primero de Jim Carroll, claramente. Sigue en activo y sigue haciendo fantásticos álbumes pero, sin duda, su primer trabajo es casi perfecto; tiene mucho de Power-Pop, un trasfondo underground latente y una fuerza propia de quién tomó mucho del punk de NYC. Bestial!

71- Bobby Whitlock – Bobby Whitlock (ABC / Dunhill 1972)
Un guitarrista reputado por sus colaboraciones en los mejores momentos de Eric Clapton (Derek And The Dominoes), participar en obras cumbre como el "Exile On Main St." de los Stones o el inconmensurable "All Things Muss Past" de George Harrison, amén asimismo por ser músico de sesión de Delaney & Bonnie. Sus dos primeros Lp's reúnen simbologías hippies, algo de hard rock y algunas vetas de country. Como es habitual en los músicos de acompañamiento, los discos que editan en solitario pasan desgraciadamente desapercibidos y no se valora el gran nivel compositivo, si es que lo hay; como en éste caso, porque Whitlock es también un extraordinario creador de ambientes eléctricos, que cataliza en canciones esplendidas aglutinadas especialmente en su primer LP. Como añadidura, en éste LP participa Duanne Allman, aunque con seudónimo. Realmente apabullante.

72- Quincy - Quincy (Columbia 1980)
La profusión de grupos americanos de Power-Pop dio lugar a una cantidad ingente de nuevas bandas practicando estribillos irresistibles. Bien es cierto que muchos de estos grupos coqueteaban con estigmas de Aor, pero en realidad la mayoría eran excelentes constructores de melodías arrebatadoras y canciones fulminantes que mucho tenían que ver con la influencia beatliana. Como casi todo lo bueno, los grupos de vida efímera dejaron sus trallazos en un sólo LP, cargado de buenas intenciones y de ventas pobres. En ese cajón estaban Quincy, con un disco tremendo, llenos de canciones enormes, de mucha New Wave y concomitancias con sus colegas The Cars, con los que coincidían en casi todo menos en ventas.
Es un disco bestial, que alimenta el optimismo y está repleto de canciones vigorosas.


73- The Tradewinds - Excursions (Kama Sutra 1967)
Suenan como californianos, en plena eclosión del sonido de la Costa Oeste, pero procedían de Nueva York y Rhode Island. En todo caso eran unos admiradores de Brian Wilson y Phil Spector casi a partes iguales lo que, junto a la inspiración como compositores que poseían, les valió para generar un LP preciosista y rico en efluvios tenues. Musicalmente era un disco de sabor agridulce, menos optimista de lo que ofertaban las soleadas bandas de Los Angeles y más sosegado que lo que provenía de la zona geográfica donde estaban ubicados. En fin, una rara avis de aquella generación. Pero el disco era fulminante, embriagador y sincero, casi cinematográfico, por lo que también coincidía con el ambiente del Greenwich Village, poblado por entonces de bandas con un marcado sentido psicodelico o por folkies con aspecto beatnick. Vista la poca repercusión que consiguieron cambiaron su nombre al de The Innocence, con otro grandioso álbum, que también corrió la misma suerte. Lástima.

74- Amon Düül II – Tanz Der Lemminge (United Artists Records 1971)
Procedentes de las comunas ideológicas de la identidad alemana que se había acercado al hippismo por el lado duro, Amon Düül eran dos grupos en uno; el primero muy folk, pero mucho más complicados de lo que esa escena ofrecía, los segundos eran más rock, pero siempre desde el lado de la vanguardia, del riesgo, de la improvisación, casi de la catarsis. Casi todos están conformes con que "Yeti" es su obra cumbre, pero yo disiento un poco (sólo un poco) de ésto, porque aquél disco es desigual. La primera parte es espectacular, mientras que el segundo LP es demasiado difícil. Todo lo contrario que este "Tanz Der Lemminge", también conocido como "Dance Of The Lemmings" para el mercado anglosajón. Una algarabía de desarrollos psicodelicos empapados de climax y tensión, que perturba las cadencias sonoras con ambientes espeluznantes y gloriosos, cargados de una imaginación abrasadora. Cuando el talento, la capacidad de instrumentación y el atrevimiento se dan la mano, ahí están estos Amon Düül II, padres preclaros del krautrock (para mí, mucho mejores que Can).

75- Leaf Hound – Growers Of Mushroom (Decca 1971)
Siempre me ha parecido cuanto menos curiosa la definición de "Hard Rock" para buscar estereotipos en la música británica. Un tipo determinado de grupos que, partiendo de la psicodelia y alejándose del siguiente eslabón, el sonido progresivo, encontraban un estilo más crudo en sus guitarras, amén de profundizar en voces más intensas, por llamarlo de alguna forma. De las cenizas de Black Cat Bones, donde militaba en sus últimos días Paul Kossoff (ex-Free y uno de los guitarristas más excelsos de UK) nacen Leaf Hound, relacionados con grupos de blues británico como Brunning Sunflower Blues Band, Foghat o Savoy Brown. Y en esas dimensiones estamos, influencia blues para un contingente fuerte en electricidad, además de voces atronadoras y un fondo agresivo (la comparación con Led Zeppelin era evidente, claro). No hicieron nada más que un disco y entregaron todo su potencial en él. No hacía falta más, desde luego.


76- Wreckless Eric – Big Smash (Stiff 1980)
Este borrachín empedernido fue uno de los emblemas más entrañables del pub rock inglés reconvertido a new wave. Amigo de grandes como Costello o Nick Lowe, su voz de guerrillero nocturno y sus melodías perfectas de pop cristalino cuajaron en discos arrebatadores, con gemas indiscutibles de aquella generación británica anti-Thatcher. Este doble LP es un tratado sintomático contra la depresión que lleva nuestras almas a rincones de optimismo puro y duro; que nos alegra la existencia, para entendernos. Rico en estribillos, socarrón, enérgico y pluscuamperfecto, lo vamos a deglutir de golpe, como una sobredosis de vitalidad.
Y al carajo con la tristeza!!

77- John Baldry – It Ain't Easy (Warner Brothers 1971)
Uno de los nombres más reputados como vocalista en el explosivo momento londinense de mitad de los 60 era Long John Baldry. Músico que admiraba el sentido del ritmo de los negros, lucía un impecable aspecto mod y hacía discos cargados de concepto blues, mientras se movía entre Georgie Fame, Paul Jones y un jovencísimo Rod Stewart. Sus primeros discos son los más evidentes, pero no los mejores, porque es cuando se libera de su adjetivo de "larguirucho" cuando se realza como cantante de rock en toda la dimensión, menos atado a ligaduras de R&B que lo encorsetaban únicamente para el público ávido del ideario del swingin' London. Muchos se preguntaban de dónde había sacado esa canción David Bowie para concluir la primera cara del, posiblemente, mejor disco de los 70. La respuesta está aquí.

78- Len Chandler – To Be A Man (A Recording Debut) (Columbia 1967)
Cientos de jóvenes talentos del folk emigraban a Nueva York para introducirse en el hervidero del Greenwich Village, fieles a la simiente que estaba dejando aquella bandada de beatnicks de ideas combativas que adecentaban el sistema político americano y que llenaban cada noche míticos lugares como el Cafe Wha?. Era la antesala del movimiento hippie; es decir, eran tipos sin electrificar, herederos de Woody Guthrie y respetuosos con aquella gloriosa máxima que se escribía en las guitarras acústicas: "This machine kill fascists". En el centro del huracán estaba Bob Dylan pero, junto a él, maravillas como Fred Neil, Phil Ochs, Ian & Sylvia, Richard & Mimi Fariña o este personaje llegado de Ohio que, por añadidura, era negro; algo extravagante en aquella generación de blancos revolucionarios. Como Len se había criado escuchando blues folk de la mano de Bukka White, Furry Lewis o Mississippi John Hurt, en su música se fundían ambos estilos. Era brutal, sencillamente brutal. Sólo hizo dos LP's y se cansó cuando la CIA se cargó el movimiento, a pesar de que nunca pudo hundir los ideales de millones de americanos que, años después, estuvieron en un tris de cambiar el mundo. Pero él abandonó, dejando gemas como éste álbum.

79- D.L. Menard – No Matter Where You At, There You Are (Rounder 1988)
En los pantanos de Louisiana se creó una música autóctona que no ha tenido parangón en ningún lugar del planeta; es el Cajun (léase Cayán), un sonido donde el acordeón acadiense, que nada tiene que ver con el europeo o el bandoneón argentino, es el instrumento predominante, junto al fiddle (violín americano) y el frottoire (la tabla de lavar, usada como elemento de percusión). Una especie de country mezclado con polka en sentido dos por dos e interpretado en francés; bueno, francés, digamos que un tipo de francés que ningún europeo sería capaz de entender. Es una música de blancos, pero también los negros tienen la suya en aquellos parajes, el Zydeco, que es muy parecido, aunque está algo fusionado con el blues. Hay cientos de discos sobresalientes en ésta música, la mayoría de los años 60-70, pero hoy me apetece hablar de uno de los músicos menos representativos del género, aunque espectacular en su ejecución. Con ayuda de compañeros brillantes que forman parte de la leyenda de Lafayette, Opeloussas o, incluso, Nueva Orleans. No puedo evitar emocionarme cada vez que escucho cajun.

80- Edison Electric Band – Bless You, Dr. Woodward (Cotillion 1970)
La ciudad de Philadelphia, proclive al sonido negro "Brotherly In Love", también reunía a grupos con otras tendencias, aunque no podían escapar de la influencia del soul. En esa tesitura se encontraban los componentes de la Edison Electric Band, moviéndose entre el rock de herencia psicodelica, el soul/funk y algunos toques de blues. El sello subsidiario de Atlantic, Cotillion, publicó esta maravilla a finales del 70 y, desgraciadamente, no pasó nada con ellos, así que se disolvieron dejando como legado este soberbio tratado de rock entre décadas, que aúna sonidos supuestamente antagónicos. Años después, algunos de los músicos del disco estuvieron involucrados en los proyectos de Van Morrison o los Chambers Brothers, entre otros. Lo más importante de éste disco es lo atemporal que parece su escucha años después, además del riesgo que supuso encontrar un lugar común entre estilos divergentes.
















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